
Llega un momento en que se hace necesario un cambio, se presenta como ineludible incluso si no apetece. Puede haber estado gestándose en nuestro interior sin apenas hacer ruido, o bien simplemente lo imponen las circunstancias, más allá de nuestra voluntad. En cualquier caso y aunque siempre provoque revuelo emocional, un cambio resulta estimulante y se puede vivir con curiosidad, intentando descubrir que nos quiere brindar la vida con ese impulso.
El proceso de interiorización y de darse cuenta al que invita todo cambio puede servir también par aprovechando la coyuntura, dejar atrás otras cosas que se han convertido en rutinas y lastran.
Renunciar es difícil pero también libera. Es libre quien elige. Y puede decidir quedarse con lo presente y rehusar otras opciones o, por el contrario, soltar, abandonar el territorio seguro de lo conocido, lo ganado y lo querido, y entregarse a lo que venga, sin garantías. El camino que se abre entonces es incierto y probablemente trazará algunos rodeos y fracasos, pero la renuncia en si misma implica cierta ganancia, porque lo que termina solo se está transformando en lo que empieza. A menudo aquello que nos da más miedo es también lo que luego nos hace más felices.
Mirada hacia delante
La mirada vuelta hacia atrás detiene el movimiento. Si se dirige adelante y alrededor, se cambia hacia lo abierto, aceptando el riesgo que es vivir. Solo con esta disposición se puede amar a otras personas y apreciar otras cosas. Lo que se quiere sujetar suele desvanecerse como el humo entre las manos.
Hay cambios ansiados, cuando lo viejo oprime como unos zapatos que se han quedado pequeños. También los hay superfluos, que van detrás del frescor de lo nuevo pero solo consiguen la ilusión del movimiento. Y hay cambios precedidos de innumerables titubeos y resistencias –propias y ajenas- que sin embargo, acaban abriéndose paso con la fuerza de lo viviente, que está vivo justamente porque cambia. Uno puede retrasarlos pero no detenerlos. A la postre también esta oposición sirve al cambio y alimenta la capacidad de decisión y acción que lo hace posible
Yvette Moya-Angeler
Cuerpo-Mente

No hay comentarios:
Publicar un comentario